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MI TORRE FAVORITA
antes y después de entrar en "quirófano"

   Desde una prudente distancia, con la seguridad añadida de dos pilastras en su cara oeste, contempla mi torre favorita la infancia del río Cueza con actitud displicente y burlona en verano y con inquietud y disgusto en las crecidas del invierno.

   Seis troneras, cortadas en la parte superior de sus robustos muros, se intercambian postales repetidas sobre los terrenos del entorno en los colores verde, marrón y beige de siempre. A través del ojo fisgón de buey, situado en la parte inferior de la fachada de poniente, bancos y retablos del templo conversan sosegadamente con el sol de la tarde sobre infinitud y transcendencia, unas veces, sobre luz y temperatura, otras. 
Reúne mi torre favorita, como algunas hermanas del páramo, la austeridad del canto, el mortero y el ladrillo, así como el lujo (para estas tierras) de la piedra en esquinas y cimientos. Son materiales que comparte con su iglesia, adoptando una misma piel y formando un mismo cuerpo, en peculiar relación que supera la simple hermandad.
Corazones tan piadosos como sensatos y altivos quisieron, tres siglos atrás, que mi torre favorita fuera, a la vez, exhibición humana frente a la llanura, sin exceso en el adorno; plegaria de gratitud y gemido, de aleluya y ruego a la Providencia; referencia física y horaria; símbolo que representa a la villa, autoridad que pastorea sus construcciones y vigilante que asegura reposo y silencio en el cementerio contiguo; ojo y garganta, catalejo y pregonero de las escasas novedades del discurrir cotidiano; coral y monaguillo en bautizos, bodas y funerales, o sea, en momentos en los que la vida se manifiesta o desaparece entre emociones solemnes.
La severa pedagogía del clima ha transformado poco a poco mi torre favorita en apéndice y prolongación de la tierra, es decir, en parte misma del paisaje parameño como cualquier chopo, ladera o arroyo. Los latigazos de la lluvia y heladas invernales, así como el persistente aguijoneo del sol de verano, han curtido su piel, dejando un acabado en liquen verde-gris, alternando con el marrón de los cantos, y han convertido en irregulares los ángulos de esquinas y troneras. A través de estos conductos y oquedades, de los arañazos que se hacen visibles entre ladrillos y demás elementos por la pérdida de mortero, ensaya el viento, en las jornadas de mayor tristeza y melancolía, canciones sosas, repetidas y sin sentido que ni asustan ni llaman la atención.

  Disfrutaba antaño mi torre favorita, en los días de procesión y cohetes, con el diálogo jubiloso de sus dos campanas, invadido a veces por las discordantes intervenciones del esquilo. En otros momentos le servían de distracción el jolgorio y ajetreo diarios de mozos y chiquillos, cuyos planes y travesuras conocía y guardaba en secreto con forzado disimulo. Hoy en día, debido a la escasez de juventud que suba volando por el escalerón, ya no puede ofrecer aquellas lágrimas negras de bronce amigo, ni el pausado, entrañable y pesaroso recordatorio, que servían para anunciar a todos los vecinos el turno para el pésame y la solidaridad con algún hogar dolorido. A falta de todo lo anterior, mi torre favorita debe conformarse con silencio y soledad o, como mucho, con los ruidos estridentes, primarios y rockeros de vencejos, gorriones y cigüeñas, que han establecido allí sus nidos sin más contemplaciones.

Algunos visitantes, que desconocen la naturaleza del páramo, suelen decir que mi torre favorita no es alta, ni bella, ni famosa. Yo les repito, sin demasiada esperanza pero recurriendo a la rima, que no necesita ser alta, pues en la llanura con dominar el propio territorio ya basta. Que no necesita ser bella, pues nació para ser torre y no “estrella”. Y que no necesita ser famosa, pues la conocemos y queremos sus vecinos, que no es poca cosa. 
David Ibáñez Caminero 
(Octubre 2008)
  
 
UN INTRUSO


 Puede que resulte clasicismo, tradición o entusiasmo religioso, lo cierto es que soy de las personas que llegando estas fechas tan entrañables (lotería, turrones, regalos, cotillón, nacimiento de Jesús), lleno de mesas mi comedor y las saturo de musgo, papel de plata, piedras, trozos de madera,... y desempolvo mis antiguas figuras de resina colocándolas de forma “rutinaria” y casi repetitiva que años anteriores, formando así mi pequeño nacimiento.

Y todas las noches, cuando la casa está dormida, y antes de apagar las luces de mi Belén, observo como duerme los pastores en el chozo, bosteza los guardias de Herodes y el molino gira sus aspas en silencio.

Coloco mis pequeñas figuritas; y así es que, enderezo el pavo, ya que el pobre es tan viejo que aún tiene las patas de plomo y se cae fácilmente; adelanto un pelín los camellos de los Reyes magos, calculando al milímetro la distancia y el tiempo que les queda para que llegue la noche mágica del 5 de enero; riego el musgo con una botellita de spray que aún huele a colonia; sustituyo unas ovejas en el abrevadero para así posibilitar que beban todas; Acerco la pastora del corderillo al hombro al leñador del haz de leña, a ver si acaban de enamorarse, aunque llevan más de diez años uno frente al otro y como si nada (como algunos ¿verdad?); Escucho los chismorreos de las lavanderas y las intercambio de lugar, para que así pueden variar el cuchicheo; Corro una rama para que tape bien al pobre cagón, porque me da cierto “repelús” que se le vea el culo con la caca colgando (como ocurre con muchos que salen en la televisión, que por asco que den y miseria que muestren, siempre están, qué cosas), pero se ha hecho tan popular el cagón que hay que ponerlo.

Pero ayer, día de nochebuena, cuando estaba haciendo mi popular recorrido por las figuras, me encontré con un intruso, es una figurita de resina, distinta de las demás, made in Marruecos, llena de carcoma y roída por casi todos los extremos, mirándola de lejos y haciéndola similitud, parece un joven inmigrante; lo cierto es que me acecha la duda de que hacer con mi nueva figura.

Le dejé en medio del belén, pero se sentía perdido, observado y chismorreado por todos, apenas necesitaba una pala para hacerse un agujero en la tierra y taparse, todos tan “engalanaditos” para el inminente acontecimiento y él lleno de hambre, como un raso “archipobre” o “protomiserias”.

Le pongo delante de Herodes, cara a cara, nariz con nariz (de igual a igual); para ver si éste se apiada dándole alimento y una decente vestimenta para la ocasión; uno tan guapo, tan elegante, majestuoso y impertérrito, y el otro, tan haraposo, frágil y endeble; pero aún cuando no había hecho más que acercarles, la guardia de Herodes se apresuró en sacarle a puntapiés de las fronteras del Palacio, sin apenas tiempo para el diálogo o para una nueva oportunidad; quizás la presencia física ha tenido más fuerza que su valía personal.

Cojo a mi joven intruso y le aproximo a mis queridos pastores, seguro que en medio de estos y cubierto de zurrones y demás pellejos pasaría desapercibido en mi nacimiento, además tiene barba y pinta de borrachín como para pasarse la noche cantando lo de “saca la bota María”, pero mayor es mi sorpresa, al ver que su mera presencia desvela enojos y cabreos, distancias y bochornos; tampoco el chozo es lugar para mi intruso, puede que las ovejas si le hubiesen aceptado como pastor de su grey pero los pastores no le han aceptado como compañero.

Tentaciones tengo de ponerle en el prado, junto al río Albal; pero seguro que hasta los mismos cerdos sacarían sus afilados colmillos para tajarle de abajo hasta arriba si ven atentada su intimidad o aplastado su manjar.

Finalmente, decido colocarle junto al cagón, quizás por ser las dos piezas más horrorosas del nacimiento, bien para que tape las vergüenzas de éste o quizás para que le ayude a subirse los pantalones; pero hasta éste se asombra de la miseria de su nuevo vecino sin percatarse de la suya, puede que sea por eso de que es más grande la mota del ojo ajeno que la viga del propio. Tampoco este es el lugar de mi intruso.

Realizo un vistazo general por el nacimiento, apenas me quedan lugares donde ponerle. El rostro de mi pequeño intruso está triste ante tanta negativa y frustración, no pretendo agrandar más su sufrimiento y opto entonces por dejarle fuera del nacimiento, la nochebuena está muy entrada y no quiero que me pille el Niño aún sin ultimar la colocación de mis figuritas. 
Y saco a San José al serrín del portal para que se oree y estire las piernas, antes de que se consume su paternidad; … pero cuando llegan las doce de la noche y me decido sacar al Niño para ponerle en brazos de su madre, como todas las navidades, descubro que no está; en mi vieja caja donde guardo mis figuritas de resina solamente yace el intruso, si ese joven al que no he encontrado sitio, pero ¿...y el Niño?

Confusos por loterías, cenas, rebajas, gastos tópicos, regalos, nostalgias y vanidades,... Dios sigue naciendo y no tiene la culpa de que estemos tan ofuscados, no sabiendo celebrar sencilla pero alegre y fraternalmente el Misterio de un Niño o quizás, porque no, de un joven intruso.
                                                            JUAN CARLOS RIOS GUERRA



LOA A VILLAMBROZ
 
por Amando Velasco González
 

 Definiria a mi pueblo Villambroz, como a un tiempo infinito, un espacio que origina un lugar que solo a sus nativos puede enamorar. Pero sobre todo es un elenco de almas nobles, que pasaron unas, permanecen otras. Escaso número de personas bullen hoy por sus calles, pero mayor es el que se extiende por la piel de toro, e incluso egregios personajes son luz de mundos amarillentos y oscurecidos. 
Dejo a entendimientos altos y a plumas duchas pintar bonituras y lindezas de nuestra tierra; me ocuparé de lo intrínseco, si es que vence la osadía a la cordura.
Pasan ya más de cuatro décadas desde que, por milagro, vieran mis ojos la luz en ese bendito pueblo. Ese tiempo es un alfarero que con mano garrula va formando el objeto, que va pariendo deforme el torno de la vida. Pesimista era yo, gracias a experiencias malas y decepciones peores. Pero el maestro del barro pulió la línea grotesca y apareció forma armoniosa. Dime cuenta entonces de lo bueno, de lo noble, que por serlo pasa desaparecido entre la aborrecible iniquidad.
Recuerdo que la casa consistorial se levantó mediante prestación personal. Solo cobraban los albañiles. Además del trabajo directo, la obra se empezó con cinco mil pesetas de todos y cada uno de los vecinos, sin el más mínimo desacuerdo. La obra era muy necesaria para mejorar la vida práctica de todos. Sin embargo el frontón no, y tambien se hizo con el mismo sistema. Como mejoró la vida de la gente que prestó su trabajo cuando le tocaba...nada seguramente. Pero se realizó, y eso engrandece al pueblo. Apunto ahora que me viene a la memoria, que el proyecto del frotón emanó de aquellas reuniones de hermanos; (que es lo que éramos entonces los jóvenes del pueblo). Las reuniones aludidas se realizaban en la casa rectoral, y suplicaría que los nuevos inquilinos no dieran más motivos para que se les pueda cerrar sus puertas. 

   Meritoria obra la del frotón. Y qué decir del pozo artesiano y el tendido de agua corriente, que tambien lo construyó el paisanage con sus propias manos.Como no mencionar el hormigón que regleó para pavimentar sus calles. Válidos o medio inválidos, todos trabajamos complementando fuerzas y esfuerzos. Gran parte de las calles se ejecutaron así, haciendo cundir muy mucho las ayudas recibidas.
Permítaseme a estas alturas tomar un respiro y poder así desinflar mi orgullo que pudiera estorbar a la imparcialidad. Amén de discordias fatuas que son omnipresentes en el mundo como es la sombra al objeto, siempre recuerdo de mi pueblo una buena vecindad, gran copañerismo y mejores anfitriones. Justo es decir, y además alto porque todo forma mi pueblo, que siempre hubo comportamientos ominosos, aborrecibles, execrables y esperpénticos. Tampoco faltan estafernos cansados de no hacer nada. Pero aun así, y todavía hoy, mi pueblo no sería Sodoma ni Gomorra, y es el sentimiento que nos tiene que guiar. La reparación de la iglesia y de la torre es buena prueba de ello. ¿No es acaso un orgullo que la reparación de la torre completa se sufraga con donativos individuales y la Junta Vecinal, mas aquellos que esta?¿No es un orgullo que tamaña faraónica obra quede pagada tan pronto que terminada? Y aquí siento como deber hacer una mención especial a nuestra querida suplente en la Junta Parroquial, y de la que esperamos para nuestra desgracia se nos aleje físicamente en corto tiempo, buscando espacio para batir sus alas. Gracias por tu dedicación al bien común.
Todo prueba que hay más luces que sombras en nuestro pueblo. Que se han hecho cosas muy importantes y como autoconsejo: hay que tener los sentidos abiertos al árbol que crece y las orejas cerradas al árbol que ruidoso cae. 
03 de agosto del 2009.
Amando Velasco González
 
 
2010.¿CRISIS EN NAVIDAD? 

Como ya es público y notorio por todos los que me conocéis, llegando estas fechas navideñas, intento como años anteriores construir mi propio Belén. 
Este año, a priori, se me antoja difícil ya que el presupuesto conlleva una reducción del 5%, pero no hay problema, más arena y menos cemento, aprieto un par de ojales el cinturón e intensifico el ingenio, no existe mal que por bien no venga.
Me acerco a la ventanilla del ayuntamiento y entrego mi solicitud de reforma del Belén; la señorita de la ventanilla muy sonriente me comenta que este año apenas han recibido un par de instancias de nueva construcción, el resto son de reforma,” atrás quedan aquellos tiempos en los que,… “ eso me tranquiliza ya que en esta sociedad de la imagen y del “qué dirán”, tengo que consolarme con “el mal de muchos…”
Ojeo mi agenda y hago recuento del personal: Pablo el pastor y sus ovejas, Olegario el alfarero, Águeda la anciana, Bernardo el estudiante, los tres Reyes Magos (que han prometido su presencia),… San José, María,… de personal ando genial. Y si no, basta con acercarme a las filas del I.N.E.M.
Hasta finales de mes cuento con la prestación de los 2500 euros por nacimiento de bebe; con ello comprare una cuna espectacular para el peque, la que tenía ha quedado muy incómoda y obsoleta, he ojeado por internet y me fascina el modelo “paramin”; por fin, el pequeñín, no tendrá que dormir en aquellas duras pajas que le producían rozaduras, ahora con la nueva cuna convertible, además de tener airbag incorporado se amolda fácilmente al peso y cuando “Jesusito” adquiera mayor tamaño solo es necesario pulsar un botón y se hace cama visco elástica con 25 canciones para endulzar sueños. 
Y para colmo de la suerte, con la factura de la luz del belén del año pasado, me han dado un bono canjeable en Correos por unas bombillas nuevas; parecen luciérnagas, cómo alumbran y que poco gastan; este año el niño tendrá un hogar de cuento de hadas, que rabien Leonor y Sofía.
Hago balance: proyecto de reforma, materiales, cuna convertible, bombillas, Currículum Vitae,.. Creo que lo tengo todo. 
Telefoneo a Pablo el Pastor, apenas cinco minutos después se presenta en casa con sus ovejas; ¡ pues si que están famélicas y sarnosas estas criaturas !; el forraje está por las nubes y apenas la producción de leche da para mantenerlas; a Pablo tampoco le veo jovial y risueño como años anteriores, he leído en una hoja de berza (de esas que llegan a mis manos) que están elaborando el borrador de la nueva PAC y todo apunta que el futuro ganadero de Pablo tenga los días contados; disimulo como que no sé nada del asunto y así evito entristecerlo; se ubican en su lugar correspondiente. 
Ring, ring, -Si,¿ Olegario el alfarero?. -no perdone se ha equivocado ya no vive aquí, tramitaron un “ERE” en su empresa y se ha traslado a vivir con sus padres y toda su familia. -Usted perdone. (Suerte que aún guardaba el número de teléfono de sus padres)…. Bueno ya cuento con otro. 
Sin apenas tiempo para un respiro se presenta Bernardo el estudiante, parece que fue ayer cuando hacía de zagalillo en el belén, y ya ves, ahora peina veintiséis y luce una prominente y espesa barba; me comenta que ya es Ingeniero en Sistemas Computacionales, pero como de lo suyo no sale nada, está inmerso en el mundo de las oposiciones; mucho pesebre y poco grano, sonríe mientras me dedica una mirada tierna y lisonjera. 
Con el trajín, casi me olvido, telefonearé a los Reyes Magos, que con el problema de los controladores aéreos este año no podrán venir en avión y tendrán que partir ya, si quieren hacer acto de presencia el próximo 5 de enero.
Contesto por el portero automático la casi insonora llamada y espero tiempo prudencial para abrir la puerta; por la mirilla descubro el rostro de Águeda la anciana; temblorosa y discreta; con una mano apoya parsimoniosa pero estable el bastón, mientras que con la otra se agarra a la barandilla para coronar el último escalón al tiempo que exhala un suspiro; Se acerca a mí, aproxima su mejilla y me insinúa un beso de bienvenida, no hace falta que nos digamos nada, ya son muchos años, muchas experiencias, apenas me mira y se adentra en mis pensamientos; si más, se sitúa en el viejo pero robusto sillón que ocupa un lugar privilegiado dentro de mi belén. …………. 
Ahora sí, ya estamos todos; cada uno con sus ilusiones y sus incertidumbres; con sus alegrías y sus penas,… pero estamos todos, que es lo importante; surgen espontáneamente las risas y las anécdotas deambulan por el salón, incluso Joaquín el borrachín se arranca con eso de “saca la bota María”,… Este año a mi me toca representar el papel de San José y a Marian, mi mujer, el de María; quizás por inexperto y primerizo tengo un nudo en el estomago; pero en medio de ésta, mi familia y ante este elenco espectacular de profesionales, nada puede fallar.
Subo dos grados el termostato de la calefacción, contemplo por última vez la escena y no, no son las luces nuevas, ni la espectacular cuna que preside el centro del hogar;… un año más seguimos siendo el “number one” de los belenes; es algo enfático e indescriptible, pero “algo”, en definitiva, que hace que esta noche sea una noche especial; las ovejas rumian gozosas; Pablo el Pastor simpatiza con Alicia la del supermercado y hasta Águeda la anciana, tritura con agilidad el turrón con el único diente que le queda; y por supuesto Marian ha olvidado sus clases magistrales de preparación al parto y apenas se incomoda con las contracciones propias de estos instantes previos al gran momento…… 
PEQUEÑIN no tengas prisa, ven esta noche o el 15 de enero, pero eso si VEN! ………….Desde la estepa Ocañense ¡Feliz Navidad! 
Juan Carlos Ríos Guerra



SENDAS PERDIDAS
el sendero de la torre
 


 Un cordelillo de tierra calva serpenteaba sin recato del coro al caño, o viceversa, de la fuente a la torre. Su existencia dependía del empeño y actividad cotidianas de personas y animales, o sea, de la colaboración de patas y zapatos, alpargatas y pezuñas. Era el senderillo del caño (pues a él 
me estoy refiriendo) ave fénix que año tras año sobrevivía venciendo en el otoño los ataques del arado en las tierras y huertas de su recorrido, y los desafíos de alfalfas, cereales y demás hierbas que surgían impetuosas en cada primavera. 
Así perduraba como un elemento importante en la vida de las personas y respetando casi milimétricamente el mismo trazado, como siguiendo un proyecto imaginario, no escrito en lugar alguno y siempre con la misma dimensión: para una sola persona, para un solo perro, para un solo asno. De uno en uno, sin doble carril, como pensado para animar el paso, disuadir la conversación, y recordar que el tiempo es oro. Para las mentes de nuestras madres el senderillo fue siempre ruta velocísima y sin curvas, favorecida por un supuesto viento a favor. Solo así se entiende la eterna cantinela después del periodo escolar de cada tarde: “¡ve en un momento y trae agua del caño!”.¿Un momento? ¡Se dice bien con dos palabras! 
En la práctica sin embargo, jamás hubo otro lugar donde el tiempo, la distancia y el espacio fueran tan relativos: un cuarto de hora se transformaba con facilidad en media tarde, un escaso kilómetro se convertía en cinco o seis, según el número y atractivo de los estímulos que se presentaban al caminante en esta senda. Y es que, a decir verdad, el senderillo era un poco de todo: museo de botánica unas veces, plaza pública o senado en ocasiones, también lugar de batalla y ajuste de cuentas ( y entonces volaban piedras o tabones apuntando con mala intención a los inocentes botijos), y por no faltar, igualmente funcionaba como laboratorio de zoología, cementerio de botijos o escenario de cortejo donde se tiraban los primeros tejos o se fijaba la mirada en seductoras anatomías que transitaban por allí.
 
    Era el senderillo balconada abierta a las más variadas tentaciones infantiles: allí el huerto con sus frutos apetitosos, más cerca los indicios de la presencia de un pajarillo y su nido, aquí mismo unas acederas deliciosas, y por doquier el sonido ambiental a cargo de grillos impertinentes y ranas vocingleras, o la seductora visión de tímidas florecillas, observadas con arrobo por los chopos cercanos, y nacidas con la finalidad de tapizar el monumento de Semana Santa o perfumar las jornadas marianas de mayo.Hoy, sin embargo, agoniza el senderillo herido por una triple estocada: le viene la primera de parte del pozo artesiano que en el corazón mismo del pueblo nos descubrió que el agua más limpia, saludable y abundante de la provincia…está bajo nuestros pies y no a un kilómetro. Una segunda herida la ocasionó ese río nuestro con título de arroyo, tan impetuoso en invierno como zángano en verano, que un día no dudó en recurrir a la rima para advertir: “o me hacéis más profundo o todo lo inundo”. Hubo que hacerle caso para evitar otros males y a golpe de excavadora se corto de un tajo el senderillo. La tercera estocada, en fin, definitiva y mortal, viene con la despoblación: en un pueblo vacío, ¡qué simpleza!, no hay población. 
Sin población no hay caminantes. Sin caminantes no hay sendero. Y sin este también merman los recuerdos, el ánimo y la vida.No pido que volváis con vuestros pasos a dar vida al senderillo ( es de 
insensatos perseguir lo imposible) pero, al menos, cuando miréis por las troneras de nuestra desmejorada torre, en los tranquilos paseos por esa carretera que pide una próxima reforma, o sentados en las construcciones que arropan el caño, saboread con la imaginación estos recuerdos que he desgranado, pues en cierto modo continúa viviendo aquello que la memoria de un pueblo reconoce y ama como propio.
 
David Ibáñez. Agosto 2.005
 





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